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Opinión y análisis económico

¿JUBILACIÓN A LOS 70? EL PRECIO DE LA PRECARIEDAD PARA LOS JÓVENES.
La precariedad laboral está condicionando desde ya el tipo de jubilación a la que podrá aspirar la juventud española dentro de cuatro décadas. Y lo hará de forma regresiva, amplificando desigualdades sociales y económicas a lo largo de todo el ciclo vital.
En 2024, la tasa de ocupación juvenil (43,2%) sigue 15 puntos por debajo de los niveles previos a la crisis financiera de 2008. Este retraso en la incorporación al mercado responde a un modelo económico que, lejos de premiar la inversión educativa o la movilidad, penaliza sistemáticamente al joven trabajador con contratos inestables y trayectorias laborales fragmentadas.
Uno de cada cuatro jóvenes trabaja a tiempo parcial (el doble que la media nacional), y más de un tercio lo hace con contratos temporales. Además, sus salarios son un 34% inferiores a los del conjunto de trabajadores. Esta triple condición —temporalidad, parcialidad y baja remuneración— supone una barrera real para iniciar una carrera contributiva sólida, lo que a su vez tendrá implicaciones directas sobre su pensión futura.
Lo más preocupante es que, a diferencia de generaciones anteriores, estos jóvenes tardan más en alcanzar bases de cotización estables. Mientras antes se lograban antes de los 27 años, hoy ni siquiera a los 34 se han igualado a la media.
Con las reglas actuales, una persona debe cotizar al menos 40 años para jubilarse a los 65 con una tasa de reemplazo del 90%, es decir, para mantener el nivel de vida previo a la jubilación. Pero si la mayoría de los jóvenes empieza a cotizar de forma significativa a partir de los 30 años, alcanzar ese objetivo implicaría jubilarse a los 70 o 71. Una edad a la que no todos llegarán con capacidad física o salud suficiente.
Con solo 30 años cotizados, mantener un nivel de vida digno exigirá trabajar seis años más. Y con 35 años de cotización, al menos tres años adicionales.
Un elemento que acentúa la tensión generacional es la implantación del Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), que incrementa las cotizaciones para nutrir el fondo de reserva sin traducirse en un mayor derecho para los cotizantes. De hecho, los jóvenes de hoy, que ya aportan más que generaciones anteriores, recibirán pensiones proporcionalmente más bajas en relación con sus últimos salarios. Cotizar más para recibir menos.
En este contexto, los tres grandes principios del sistema de pensiones —suficiencia, sostenibilidad y equidad— enfrentan serios desafíos. La suficiencia, porque las pensiones derivadas de carreras cortas y salarios bajos serán simplemente insuficientes. La sostenibilidad, porque si los jóvenes no pueden aportar al nivel requerido, el sistema no podrá financiarse. Y la equidad, porque los jóvenes estarán financiando a los actuales jubilados mientras se les niega una expectativa razonable de una pensión futura digna.
Es necesario un rediseño integral que asuma, de una vez por todas, que las trayectorias laborales del siglo XXI no se parecen a las del siglo XX. Algunas propuestas imprescindibles:
- Reconocimiento de lagunas de cotización: Adaptar el sistema para reconocer periodos sin cotización derivados de la inestabilidad laboral o de etapas de formación, algo ya existente en otros países europeos.
- Pensiones mínimas garantizadas: Avanzar hacia un modelo de pensión de base universal que asegure un nivel mínimo digno, complementado con la contributividad.
- Impulso a planes complementarios reales: Promover el ahorro previsional privado, pero con incentivos fiscales progresivos y accesibles para rentas medias y bajas.
- Empleo joven de calidad como política previsional: Vincular de manera directa las políticas de empleo juvenil a los objetivos del sistema de pensiones. No habrá pensiones sostenibles si los jóvenes no tienen empleos sostenibles.
La juventud española no está perdida. Ha quedado al margen. Pero aún estamos a tiempo de corregir el rumbo. No se trata de proteger a los mayores o a los jóvenes. Se trata de equilibrar el sistema para que funcione para todos, hoy y mañana.
Si no lo hacemos ahora, el problema no será que los jóvenes no lleguen a tiempo a la jubilación. Es que muchos llegarán tarde, mal… o nunca.



