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En 2024, la tasa de ocupación juvenil (43,2%) sigue 15 puntos por debajo de los niveles previos a la crisis financiera de 2008. Este retraso en la incorporación al mercado responde a un modelo económico que, lejos de premiar la inversión educativa o la movilidad, penaliza sistemáticamente al joven trabajador con contratos inestables y trayectorias laborales fragmentadas.
Los hogares españoles pagan hoy un 14,4% más de IRPF que en 2008, a pesar de que su renta disponible real ha caído un 4,3%. Este desfase se explica por el efecto de la inflación sobre un sistema fiscal congelado en sus parámetros nominales: mínimos personales, deducciones, bonificaciones y, especialmente, tramos.
Personalmente, opero con una estrategia dual, invierto directamente junto a otros inversores —especialmente en fases tempranas, donde el capital y el acompañamiento humano son igual de necesarios— y también a través de gestoras especializadas, que me permiten diversificar y acceder a operaciones de mayor tamaño con un seguimiento más estructurado.
Estamos asistiendo a un vuelco silencioso, pero muy significativo. Cada vez hay más empleo público, mientras la figura del autónomo pierde peso. El problema no es solo numérico, sino económico y social.
Me hastía este tipo de noticias que reflejan una problemática recurrente en el mercado laboral: la aparente paradoja entre la escasez de talento y la insatisfacción de los profesionales con sus condiciones de trabajo.
El informe publicado por la Oficina Europea de Patentes (OEP), que mide el porcentaje de empresas en la cartera de un inversor que han presentado solicitudes de patentes, pone en evidencia una de las mayores debilidades estructurales del ecosistema de inversión en tecnología: su excesiva dependencia de la financiación pública y la falta de capital privado en las etapas avanzadas del desarrollo de startups.
Lo más alarmante, desde una perspectiva de política económica, es la pérdida proyectada de 1,6 millones de empleos a nivel global debido a la desaceleración económica, un fenómeno que podría agravar las desigualdades laborales entre regiones y que unido al aumento del costo de vida, denota una clara interrelación entre las dinámicas macroeconómicas y las decisiones microeconómicas empresariales.