';

Blog

Diversificación, Rentabilidad y Valor Añadido
Inversiones Maslosa / Actualidad / Blog / El riesgo bien entendido ¿Por qué sigo invirtiendo?
BLOG

Opinión y análisis económico

Fecha: 23/06/2025
Autor: Francisco Massó Mora


EL RIESGO BIEN ENTENDIDO ¿POR QUÉ SIGO INVIRTIENDO?

Llevo más de una década aprendiendo a confiar en lo que no se ve a simple vista. He visto ideas que parecían improbables convertirse en realidades sólidas y también proyectos cargados de talento que no lograron cruzar el umbral. No existen certezas, solo datos, percepciones y una intuición que se afina con los años.

Personalmente, opero con una estrategia dual, invierto directamente junto a otros inversores —especialmente en fases tempranas, donde el capital y el acompañamiento humano son igual de necesarios— y también a través de gestoras especializadas, que me permiten diversificar y acceder a operaciones de mayor tamaño con un seguimiento más estructurado. En ambos casos, mi criterio no cambia, busco equipos comprometidos, mercados grandes, soluciones reales y una aplicación inteligente de la tecnología. La moda o el ruido mediático nunca me han guiado.

Hoy, España vive un momento interesante. No diré excepcional —he aprendido a ser cauto con los adjetivos—, pero sí claramente más maduro que hace diez años. Lo que antes era un terreno para soñadores sin hoja de ruta es ahora un ecosistema con más rigor, más métricas y más ambición. Se acabaron las servilletas con ideas millonarias. Hoy, si un emprendedor no puede demostrar tracción, crecimiento o al menos un producto validado, difícilmente accederá a financiación seria.

Pero eso no significa que el riesgo haya desaparecido. Todo lo contrario. La mayoría de las startups siguen sin activos, sin una marca consolidada, sin garantías reales. Apostar por ellas es, en muchos sentidos, seguir lanzando monedas al aire. Lo que ha cambiado es que ahora sabemos mejor qué monedas lanzar, en qué manos dejarlas y en qué mercados tirarlas.

He participado en proyectos que han levantado rondas de ocho cifras y he estado también en funerales discretos de compañías prometedoras que simplemente no lograron encajar en el mercado. Es parte del juego. Por eso, cada vez valoro más el factor humano, la capacidad de los fundadores para resistir, adaptarse y ejecutar. La idea puede ser brillante, pero sin liderazgo, no hay milagro.

En este último ciclo estamos viendo una polarización clara, los fondos se concentran en las compañías que ya tienen métricas sólidas, dejando fuera a muchas otras con potencial, pero sin tiempo. Las rondas son más grandes, más selectivas, y se miden al milímetro. Esto obliga a los emprendedores a ser más eficientes, más estratégicos. Y, sinceramente, me parece positivo. El capital fácil suele ser un mal consejero.

Lo que sí echo en falta, especialmente en España, es más profundidad en las fases de escalado. Tenemos buenos fondos en las etapas iniciales, pero cuando una startup necesita músculo real para crecer, a menudo debe recurrir a inversores extranjeros. No es una tragedia, pero sí un síntoma de que aún nos falta construir vehículos nacionales con más volumen y ambición.

La inteligencia artificial, por supuesto, lo está tiñendo todo. Pero hay que ser prudente, no invierto en IA por sí misma, sino en soluciones reales que usen IA para resolver problemas concretos. Me recuerda mucho a los primeros años del boom digital, todos hablaban de internet, pero pocos sabían cómo usarlo para crear valor real. Hoy ocurre algo similar. Lo importante no es la tecnología en sí, sino su aplicación práctica.

No creo en unicornios por definición, pero sí en empresas que pueden cambiar una industria. He aprendido que el retorno más valioso no es solo el económico, sino el impacto que una empresa genera en su entorno. Cuando invierto, lo hago con horizonte a diez años, con la vista puesta no solo en el múltiplo de salida, sino en lo que esa compañía puede aportar al mercado y a la sociedad.

La legislación ha mejorado, sin duda. Pero necesitamos seguir puliendo el marco fiscal y jurídico si queremos convertirnos en un referente en Europa. El potencial está. La voluntad también. Falta que nos creamos que no tenemos por qué ser un ecosistema subsidiario, sino uno propio, sólido y capaz de retener talento e inversión.

En este nuevo entorno, donde ya no basta con una buena historia sino que hay que demostrar tracción real desde el principio, el emprendimiento sólido no se improvisa. No nace de la inspiración momentánea ni de una presentación bien diseñada. Se construye con disciplina, con validación continua, con decisiones complejas y a menudo contracorriente. El emprendimiento de verdad —el que transforma— no ocurre en una servilleta ni en un pitch brillante. Ocurre en la constancia, en los ajustes estratégicos, en las decisiones difíciles. Y ahí, si el capital llega en el momento adecuado y con el enfoque correcto, puede ser el catalizador de algo realmente importante. Por eso sigo invirtiendo. Porque, bien entendido, este es uno de los pocos terrenos donde el riesgo, cuando se gestiona con criterio, sí merece la pena.


(+34) 916 683 706 | info@maslosa.com

Send this to a friend